El viaje de mis sueños

El viaje de mis sueños

Este relato lo escribí en marzo de 2018 como parte de mis estudios para traductora de español y alemán. En una de las tareas me pedían describir „el viaje de mis sueños“. Sin embargo, yo no tenía ganas de describir un viaje cualquiera, por lo que se me ocurrió la idea de un viaje astral, que tiene algo mágico que invita a soñar. Y me gustó tanto mi propio relato, que decidí compartirlo aquí en mi rincón literario:

El viaje de mis sueños no es un viaje que se pue­da pagar con dinero. Y es que yo no sueño con un viaje común y corriente, puesto que ya he viajado a muchos países, tanto por avión como por tren, por coche y hasta con una casa rodan­te, como llaman mis compatriotas los peruanos a las caravanas. Claro que todavía hay lugares en la tierra que aún me faltan visitar. Sin embargo, el viaje de mis sueños es bastante más exótico ya que se trata de un viaje astral. Y he aquí cómo me imagino yo este mi viaje mágico:

En una tarde de verano, me recuesto en el jar­dín, cierro los ojos y me relajo. Empiezo a contar del cien al cero en cuenta regresiva y, antes de llegar a la mitad, ya estoy elevándome por los aires, dejando a mi cuerpo inerte descansando mientras mi espíritu inquieto se echa a volar sin mirar atrás. ¡Mas no estoy muerta! No se vayan a asustar. Mi cuerpo está durmiendo mientras yo emprendo mi viaje, flotando alegremente por la ventana hacia las nubes. Es interesante ver nuestra casa, nuestro jardín, nuestro barrio des­de arriba… Y aunque podría observar en secreto lo que hacen mis vecinos, es la naturaleza la que más curiosidad me da. Me siento en la rama de un árbol y admiro la agilidad de una ardilla tra­vie­sa. De pronto, un petirrojo se sienta a mi la­do, me mira y se pone a cantar. ¡Me quedo ma­ra­villada al notar que el pajarillo me puede ver! Y luego de conversar unos minutos, nos echa­mos juntos a volar: él agitando sus alitas sin es­fuerzo y yo deslizándome sin más.

Al cabo de un rato, llegamos a una playa hermo­sísima – debo haberme alejado muchísimo de casa, porque donde yo vivo, no hay playas. Pero eso me tiene sin cuidado: este es mi viaje y lo estoy disfrutando al máximo. La arena es fina y blanca y el mar luce de un azul turquesa intensí­simo. Atraída por tremenda tentación, desciendo rápidamente, entro al mar y empiezo a nadar feliz de la vida. ¡El agua está deliciosa! Y al perca­tarme de que, a pesar de haber dejado mi cuer­po en el jardín de mi casa, aún puedo sentir el agua fresca y cristalina en mi piel, me despierto. ¡Y me encuentro empapada, pues mientras mi alma viajaba, había empezado a llover!

Lo bueno de los viajes astrales es que, como son gratuitos, uno los puede repetir cuantas veces quiera sin endeudarse. Total, soñar no cuesta nada. 🙂

Y aquí la versión en alemán: Die Reise meiner Träume

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