De cómo me libré de mis dolores de espalda

De cómo me libré de mis dolores de espalda

(Texto de julio 2018, actualizado en enero de 2019)

 

Durante muchísimos años sufrí de unos terribles dolores de espalda y de nuca. Y me pasé también muchísimos años buscando una solución a este problema. Como ahora por fin he conseguido vencer aquellos dolores, quisiera compartir con mis lectores toda esa colección de soluciones que he ido juntando con el tiempo para así poder ayudar a quienes tengan quizás el mismo problema.

Primero que nada, quisiera presentarles una lista de todo lo que he probado, más adelante iré explicando cada punto detalladamente:

  • Masajes
  • Tratamientos térmicos
  • Gimnasia, Pilates y Yoga
  • La posición adecuada para dormir
  • El colchón adecuado
  • La postura correcta en el escritorio
  • Un chaleco contra los enfriamientos
  • Las zapatillas adecuadas para los recorridos largos
  • Cambiar la cartera por una mochila o bolso tipo “canguro”
  • Hacer “walking”
  • Corregir la postura de mi cuerpo

Masajes

Bueno, como verán, he probado de todo: Los masajes son algo que siempre me gustaron – hasta el día de hoy. Sin embargo, y por más bueno que sea un masaje, hay que reconocer que ayuda sólo en el momento, pero si no reconoces y no tratas la verdadera raíz del problema, los dolores retornan a más tardar al día siguiente.

Tratamientos térmicos

También los tratamientos térmicos proporcionan alivio, pero, al igual que los masajes, sólo en parte – y en veranos tan extremadamente cálidos como el presente, son inimaginables.

Gimnasia, Pilates y Yoga

Hace unos 10 años empecé a hacer gimnasia y Pilates y desde hace unos 5 años también practico Yoga. Y todo esto me ayuda mucho – pero todavía no era suficiente.

La posición adecuada para dormir

Como también tenía mucho dolor en los hombros y hasta en los brazos, un buen día decidí cambiar mi posición en las noches y empecé a dormir boca arriba – algo que siempre me imaginé incómodo, ya que había estado acostumbrada mi vida entera a dormir boca abajo o de costado. El resultado: ¡De pronto se acabaron mis dolores de hombros y de brazos!

El colchón adecuado

Y para dormir aún mejor, me compré un colchón viscoelástico (también conocido como “memory foam”), gracias al cual por fin puedo dormir mejor. ¡Y así por fin puedo despertarme en las mañanas sin dolor!

La postura correcta en el escritorio

Como trabajo mucho con la computadora, desde hace muchos años que vengo observando la postura correcta en el escritorio: Siempre me cercioro de que la silla y la pantalla tengan una altura adecuada, lo cual ayuda mucho. Sin embargo y a pesar de todas estas conclusiones, mis dolores de espaldas y de la nuca regresaban en el transcurso del día, ya que soy altamente miope, por lo cual tiendo a inclinar mi cabeza hacia la pantalla de la computadora para ver mejor. Desde que me di cuenta de ello, decidí acercar la pantalla hacia mí (en lugar de acercarme yo a la pantalla), de modo que aun puedo sentarme derecha y aun así leer sin problemas todo lo que hay en la pantalla. Eso a la mayoría de la gente le parece muy raro ya que precisamente a mi edad uno tiende más bien a alejar la pantalla a causa de la presbicia. ¡Pero yo he nacido cegatona como un topo, pues, y por eso veo mejor de cerca que de lejos!

Esta medida me ayudó enormemente, pero aún no era suficiente para terminar de vencer del todo mis dolores de espalda.

Un chaleco contra los enfriamientos

Como soy friolenta y me enfrío muy fácilmente en invierno, cuando no hace calor, pero también en verano, cuando me encuentro en habitaciones u oficinas climatizadas, tiendo inconscientemente a encogerme de hombros, lo cual me causa unos dolores horribles en la nuca. Desde que me di cuenta de eso, empecé a llevar conmigo siempre y a todas partes una chaqueta o chaleco que me pongo inmediatamente apenas empiezo a sentir frío. ¡Y eso me ayuda mucho a prevenir los dolores en la nuca!

Las zapatillas adecuadas para los recorridos largos

Además, un buen día descubrí las zapatillas de tipo “shape-ups”. Para mí, la maravillosa sensación al caminar con las suelas redondas de este tipo de zapatos es simplemente divina. A todo esto, ya tengo varios pares de “shape-ups” de los cuales no quisiera volver a prescindir. Sin embargo, no todo el mundo se acostumbra a este tipo de zapatos: Sé de personas a quienes les duelen las rodillas o la cadera al usarlos, cosa que a mí por suerte no me ha ocurrido jamás.

Cambiar la cartera por una mochila o bolso tipo “canguro”

Así poco a poco pude ir venciendo ya mis dolores de espalda y de nuca, mas sólo cuando estoy sentada o echada. Pero apenas estaba mucho rato de pie (caminando o parada), empezaban de nuevo los dolores – mayormente dolores unilaterales, es decir que me dolía más un lado de la espalda que el otro. Tanto así que un día, un fisioterapeuta amigo de Perú me diagnosticó durante una de mis visitas a mi patria una “posible fibromialgia”, lo cual por supuesto que me asustó mucho. Sin embargo, hoy sé que el hecho de que me doliera más un lado de la espalda que el otro, se debía al peso de mi cartera, que solía cargar de un hombro, agobiando así más un lado de mi espalda que el otro. Con el tiempo fui observando que los dolores eran aún más insoportables los días sábados después de haber estado caminando más de una hora al hacer mis correrías y compras semanales. Fue entonces que cambié mi cartera por una mochila, e incluso me compré un bolso tipo “canguro” para colgármelo a la cintura y así tener a la mano mis llaves, mi celular, mi billetera y mi lápiz labial. ¡Y desde entonces, nunca más volví a tener dolores unilaterales de espaldas!

Hacer “walking”

Un día, un quiropráctico que fui a consultar porque tenía unos dolores horribles de espalda, me recomendó que empezara a hacer walking. Bueno, no usó explícitamente la palabra “walking”, pero me aconsejó que saliera regularmente a “caminar a paso ligero, con el cuerpo erguido y balanceando los brazos flexionados” – lo cual es, nada más ni nada menos, una descripción bastante exacta de lo que solemos llamar walking. Decidí pues, seguir su consejo y empecé a salir de vez en cuando en las nochecitas después de la cena a hacer walking (por supuesto con mis zapatillas shape ups que tan cómodas me resultan), y muy pronto me di cuenta de lo bien que me hace, no sólo para la columna, sino también para la tensión arterial, la digestión y mi bienestar general.

Corregir la postura de mi cuerpo

No obstante, lo que más me ha ayudado – y me sigue ayudando – contra los dolores de espaldas, es un descubrimiento que hice apenas hace un año y medio: ¡Simplemente prestarle atención a la postura de mi cuerpo! Es decir, no solamente al estar sentada ante la computadora, sino en todo momento: Al estar parada, caminando o sentada en el comedor e incluso al pasear en bici. Para ser más exacta: Pararme, caminar o sentarme “conscientemente” y, de ser necesario, corregir mi postura, meter la barriga, sacar pecho y dejar que mis hombros caigan de una forma natural. Por más inconcebible que parezca, debo reconocer ¡que me he pasado 48 años de mi vida con una postura inadecuada! No sé por qué, pero es la verdad – quizás porque al ser tan cegatona, siempre tendí a agachar la cabeza – y con ella todo el cuerpo – para ver mejor. (O quizás también porque me faltaba una pizca de seguridad en mí misma – ¿quién sabe?)

El hecho es que, desde que aprendí a caminar (o pararme o sentarme) conscientemente derecha, ¡ya no tengo dolores de espalda y de la nuca! (o quizás sólo muy de vez en cuando, cuando de pronto me olvido de ponerme derecha, pero entonces corrijo mi postura, e inmediatamente me siento mejor). Y es que efectivamente, con el cuerpo bien erguido me siento mucho mejor, ¡más segura de mí misma y más viva y animada! ¿Cómo no me di cuenta mucho antes? Con todo lo que me insistía mi abuelita de que camine derecha – pero como no la veía todos los días… y cuando me vine a Alemania a los 18 años, la veía aún menos y luego hace 20 años falleció y se llevó consigo sus sabios consejos. Pero también mi tía de Bélgica siempre me decía cariñosamente “anda derechita, pericotita”. Pero también a ella la veía (y la sigo viendo) tan sólo una o dos veces al año, y cuando no estaba cerca para recordármelo, sus palabras quedaban rápidamente en el olvido…

(La verdad es que por mucho tiempo ni siquiera supe cuán importante era para mí misma hacerles caso a mi abuela y a mi tía – ¡y caminar derecha! No tenía idea de que ésa era la respuesta al enigma de mis constantes dolores de espaldas – porque de haberlo sabido, ¡les habría hecho caso muchísimo antes! Pero ahora que por fin lo sé, estoy feliz ya que por fin he aprendido a cuidar mi postura. Al principio, tenía que recordármelo constantemente, pero a todo esto ha pasado un año y medio y ya me paro (camino y me siento) automáticamente derecha – ¡y así desaparecieron por fin mis dolores de espalda!)

Conclusión

Hoy en día procuro hacer todo – sea Yoga o walking o simplemente caminar, sentarme o pasear en bici – mucho más conscientemente, y eso contribuye enormemente a seguir mejorando día a día mi bienestar físico y mental.

¡Y por eso ahora me siento muchísimo mejor, más segura de mí misma y más llena de vida y de energía!

Por todo esto, quisiera aprovechar la ocasión para agradecerle a mi cuerpo por todo aquello que realizamos juntos (mi cuerpo y mi mente) y prometerle tratarlo de ahora en adelante tan bien como se lo merece. ¡Y eso incluye una postura derecha, segura, consciente y sana!

A tal fin, mi sincero agradecimiento – y ¡NAMASTÉ!

 

Y aquí encuentras este artículo en alemán: Wie ich meine Rückenschmerzen loswurde

El árbol en la imagen de portada de este artículo – si no me equivoco, un frondoso almendro en flor – lo fotografié en primavera de 2010 en algún lugar de Francia. Escogí esta foto para este artículo precisamente por lo bien derechito que se ve el árbol, tan erguido como yo misma procuro andar, por el bien de mi columna vertebral.

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